
En el desierto, uno se vuelve otro: el que conoce el peso del cielo y la sed de la tierra; el que ha aprendido a contar con su propia soledad. Lejos de excluirnos, el desierto nos abriga. Devenimos inmensidad de arena, como, escribiendo somos el libro.
Edmond Jabès
Edmond Jabès

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